viernes, 2 de octubre de 2015

Dicen que nada es para siempre...

Dicen que nada es para siempre, y yo pienso en tu sonrisa y en tus labios, y me dejo conquistar por tu mirada, esa que hallo cada día al despertar. A veces remoloneo buscándote entre las sabanas al tiempo que el despertador resuena cada cinco minutos. Las mañanas habitualmente juegan al escondite con nosotros, corro a la ducha, qué tarde es, huele a café, ya no estás, y tu nota junto al desayuno. Camino del trabajo escucho ese tema que se oía el día que nos conocimos, “Never known a love like this”, sonrío y se me aceleran las mariposas, que no el coche, y caigo en el tópico de pensar en ti a demasiadas revoluciones.

Y al llegar la tarde regresas y, como cada atardecida, me encuentras desconectada jugando con las palabras, me cubres los ojos y me besas en el cuello, siento tu perfume y el calor de tus manos en mi pecho, me quitas los auriculares, me desnudas y me envuelves en tu abrazo.

No sé si todo lo que empieza tiene un final, si algún día dejaré de madrugar a tu espalda, si el café me sabrá a quemado, si ese tema me retumbará hasta volverme sorda, si habrá un último atardecer para nosotros. Yo solo me dejo llevar, atardece un día más mientras escribo, estás a punto de llegar, regresarás a mi piel y yo a tu boca, hay melodías que no cambian a pesar de la música y de la letra.




jueves, 24 de septiembre de 2015

martes, 15 de septiembre de 2015

Hoy te amo antes de que se haga tarde...



Las relaciones se mantienen a base de sorpresas, se huye de la monotonía, se aúlla a la luna cuando es de día y se sonríe al caer la noche.

El día que en tu vida entra la rutina, las alacenas se llenan de copas sin usar, de platos adormecidos, en la cocina no hay música, en el pasillo no revolotean los pies descalzos bailando entre tus brazos. 

Escapo silenciosa de esa jaula indigente de minutos en busca de algo nuevo que traer a mis labios, una pócima que me renueve el alma. Me siento en el mirador, la atardecida me limpia las lagrimas, el sol calido me adormece, mira por donde, hoy te amo antes de que se haga tarde.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Me encantas...



Acabo de darme cuenta de que no te he comentado que me encantas, perdona, tengo la cabeza loca de inventarios, ya me conoces. Sin embargo no quiero que se me pase hoy, será que septiembre se estrena extrovertido, y yo no aspiro a menos. Me enloqueces, de esa forma que solo los que sienten por debajo de la piel conocen, con la mirada velada y los silencios en morse. Te lo comento para que mañana cuando despiertes comprendas por qué sigo durmiendo a tu lado, no es solo por la calidez de tus manos, ni la volcánica amanecida nocturna con la que navegamos cada noche, si estoy es porque me encantas, sin más. Respetas mis ausencias, mis espacios intermitentes, conoces de esa manía de estornudar a medianoche, de descalzarme al llegar a casa, de desconectar durante el atardecer para escribir de nosotros. Entiendes que si estoy es porque no deseo otra cosa que hallarme donde estoy. Y a mí eso me llena. 

Estoy pensando que tal vez sería conveniente que tú terminaras esto: “Y todo puede devenir”, comentan los eruditos de Eolo.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Hola princesa...



 “Hola princesa”, eso me soltaste al llegar a casa, me recordó entonces la película italiana aquella que vimos hace años en ese cine al aire libre. Cohabitábamos en casas distintas, desayunábamos en alcobas diferentes y no, no nos conocíamos.
Te miré al tiempo que sacaba una botella de vino blanco del frigorífico, tú me acercaste dos copas y vertí líquido en ellas. Comentaste que habías tenido mucho lio en el trabajo y que tenías una idea para el fin de semana. Sonreí. Me senté en el sofá y estiré las piernas hasta alcanzar tus ingles. Pusiste algo de música y seguiste hablando.
Adoro la estrategia que usas cada noche para llevarme a la cama, me invitas a escucharte, elaboras un mapa de recónditos lugares por mis piernas hasta alcanzar la punta de los dedos, yo interpreto volcanes con mis plantas, y para rematarlo preparas la cena.