rayos de sol
esta tarde.
Caen
abriéndose
por entre las costuras
de las nubes
y de fondo
el azul.
No recuerdo cuándo fue que me dijiste que todo había cambiado.
El portal se cerró hiriente, chirriante, mientras el agua nieve celebraba la despedida. Recuerdo, eso sí, qué llevabas puesto, camisa de cuadros azules, jersey azul marino cuello en pico, pantalones de pana tostados, chaqueta marrón, de pana también. Tenías una pequeña cicatriz sobre la ceja de alguna bota de fútbol, durante el recreo, y a la espalda, la cartera de piel plastificada marrón oscura.
Agonizaba la tarde y el tiempo sabía que llegaría el momento de decirnos adiós.
A partir de aquel día los días se volvieron grises, la nieve avecinaba la llegada de la Navidad, luces en las calles. En la plaza pusieron un enorme árbol que adornaron durante horas y que luego se tornó níveo. Las tiendas anunciaban la llegada de los Reyes Magos con regalos y colores en los escaparates.
Y yo sólo quería jugar contigo.
Me he dado cuenta de que las despedidas tienen el mismo dejo vayas donde vayas, tengas la edad que tengas y seas quien seas.
Feliz tarde de nieve.
"I want to guard your dreams and visions. Just wrap your legs round these velvet rims. And strap your hands across my engines. Together we could break this trap. Well run till we drop, baby well never go back" Y qué decir de esta pared vibrante de vinilos... recortados semejando imágenes obtenidas de internet, muchas de ellas relacionadas con la pornografía y la violencia. Mas yo me quedo con la originalidad de la obra, me recuerda un reloj al que las manecillas le han abandonado. Poco más que decir, si os gusta la música, si sentís que la necesitáis desde que el despertador rompe vuestros sueños temporalmente, id al verla, y dejaros atrapar por los sonidos rockeros del misterio, y si os atrevéis disfrutad tocando la batería, o el bajo, o la guitarra eléctrica en la cárcel, yo lo hice.
El Psiquiatra José Antonio García Andrade manifiesta que el miedo está en íntima relación con los instintos de conservación, de tal forma que tiene su embrión en los movimientos de huida de los protozoos ante situaciones del entorno desfavorables, actitudes que se van enriqueciendo según se asciende en la escala animal desde la ameba, encontrándose pues el miedo, la huida y la conservación íntimamente relacionadas entre sí mismas.
Con este video quiero recordarme que el miedo no forma parte de mi vida cotidiana, o por lo menos intento que sea así. Desde hace un tiempo, desde que tomé el timón de mi vida un mes de junio del 2006 rumbo al Puerto, descubrí que podía conseguir aquello que me propusiera siempre que eso fuera beneficioso y no hicera mal a nadie. Una vez aterricé en aquel lugar mágico comencé a vivir sin miedo, a bucear sin temer los secretos del mar, a pasear descalza por el muelle empedrado y sentir el dolor salado que sabe dulce.
Sabéis de ello los que me conocéis y sabéis lo duro que fue el regreso, mas aquí estoy libre de cargas, reconstruida por ... vez, disfrutando de cada día, de cada noche, de tu sonrisa, de tus palabras (delinquiendo al apropiarme a veces indebidamente de ellas), del no miedo a saltar, a despertarme y que llueva, y ponerme el impermeable y salir a la calle. Porque estoy viva e intento ser feliz.
¿Miedo? Perdonadme, no permito ni que se acerque a mí...
Hoy he decidido hablaros del silencio acorchado.
Uno de los mayores placeres que tengo en mi vida, siendo éste de los pocos vicio que me quedan, es el buceo. Hace tres años empecé a hacer cursos con el deseo de llegar a ser instructora, o en su defecto Dive Master. Y todo comenzó con una semana de vacaciones pagadas por la empresa y el Open Water.
Mi primer contacto con el agua, mejor dicho, con el fondo del mar fue turbulento. Cierto es que el medio no es el medio donde me muevo normalmente y eso mermó mi seguridad, mas una vez hube conseguido llenar de agua las gafas y vaciarlas baja el agua, todo cambió. Me sentí parte del mar, escuché los sonidos con más calma (hasta ahora habían sido ejercicios y pruebas para obtener el nivel) y decidí regresar a las profundidades del océano siempre que pudiera.
En el video podéis escuchar ese silencio acorchado del que hablo. La inmersión fue en Tabaiba (Tenerife), donde hundieron hace unos años un barco para que pudieramos disfrutar de su interior. Y yo, como muchas otras veces, buceo recogiendo conchas, esencias marinas, lágrimas dichosas... con las que luego plasmo de tinta mis cuadernos.
Y es que el mar encierra tanto y tantos misterios...