sábado, 8 de julio de 2017

El presente dura lo que tú quieres que dure...

(Capítulo 3)
Si los faros fueran cuadrados estaría buscándote en cada esquina. Me desperté de la siesta sin haber dormido apenas quince minutos, y me estiré buscando chocolate. Y tú no estás, ni sé quién eres aún.

Me llamaron de la oficina, había un tipo subido a un edificio, se desconocía cuales eran las razones por las que había decidido escalar aquella mole de formas tan angulosas. Tomé el coche y me personé en el lugar. Un policía me comentó que temían que quisiera suicidarse, que debía subir a hablar con él. Miré hacia el cielo y vi una figura en la esquina de la estructura. Monté en el ascensor y llegué a la última planta. Salí al exterior sin hacer casi ruido, miré hacia donde estaba situado el hombre. Le hablé con calma. Me miró. Enmudecí, eras tú. Respiré profundamente, hace una semana sonreías sin pausa, hoy eras el esbozo de una mala noche. Te pregunté que hacías allí, me miraste de nuevo, “tú eres la de la playa, ¿verdad?”. Asentí y te entregué un boli, “apunta mi móvil por si me vuelves a necesitar”. Sonreíste mientras te incorporabas, varios operarios aparecieron de pronto y te cogieron por debajo de los hombros para conducirte a la ambulancia. Yo permanecí unos minutos más allí, mirando al infinito desde aquel álgido lugar.


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