martes, 4 de julio de 2017

El presente dura lo que tú quieres que dure...

(Capítulo 2)
Tarde varios días en volver a verte. Estuve preguntando a los surfistas por ti, nadie sabía quién eras ni de dónde habías llegado. Tan solo que venías de vez en cuando a nadar allí.
Las tardes se apercibían mejor sin esperar nada. Hace tiempo que dejé de atender historias en mi vida, vivo porque quiero y queriendo siento.
Me enamoré de tu sonrisa, estaba escrito en el camino, te vi al pasar por el reflejo de una tienda, mirabas el móvil sonriente. Deseé ser yo aquella que te hacia sentir así. Me detuve. Parecía que refrescaba, me puse la chaqueta y me senté en un banco frente al bar donde estabas. Me siento tan estúpida. Es verdad que podría haber entrado, haberme sentado cerca, haberte preguntado algo, haberte besado.
Fuiste tú el que al salir del local te sentaste a mi lado en el banco, seguías mirando el móvil y sonriendo. Olías a un perfume de esos intensos, me inquieté y al mismo tiempo, saqué una agenda del bolso y empecé a escribir palabras. Te giraste y me miraste, me pediste el boli con la mirada, te tatuaste un número en el dorso de la mano y me lo devolviste, sonriendo. Porque soy un tanto tímida si no te hubiera tatuado mis labios en tu boca. 



No hay comentarios: