jueves, 28 de julio de 2016

Cada vez que te miro me vuelvo a enamorar de ti...

Cada vez que te miro me vuelvo a enamorar de ti. Volvíamos de pasar un día improvisado, en la radio Harry Manx y ese “Crazy love”, sí, algo de lunática tengo, sobre todo cuando llega la primavera y me enciendo, broto como los almendros, y por las noches destelleo cual estrella en la oscuridad de la habitación.
Ibas contando algo sobre la última vez que estuviste allí, desconecté sin querer mirando el terciopelo rojizo del mar al atardecer y retomé la conversación en un punto y coma, aproveché para darle un giro, te dije que el día estaba siendo escandalosamente mágico mientras te observaba, concluiste con “y aún no ha terminado, nena”. Sonreí. No voy a llevarte la contraria, resulta que cada vez que sonrío te vuelves a enamorar de mí.


domingo, 24 de julio de 2016

No sé ni en qué día vivo...

No sé ni en qué día vivo. Regreso a casa algo acalorada, me revienta tanto calor, se me nubla la vista y no sé organizar palabras encadenadas, ni sugerirte una madrugada de esas locas que tanto nos enloquecen. Y es cierto que adoro que estés en mi vida, que me encanta saberte y notarte, y en ocasiones sentirte más allá de la piel, mas en estos momentos no veo el momento de desnudarme, de dejar caer sobre mi cuerpo una gélida lluvia de andar por casa y de encerrarme.
Me interrogas tácitamente si necesito algo mientras en el estéreo suena Madeleine Peyroux, te observo a golpe de abanico y cierro los ojos, me invade una suave sensación de alivio, noto tus manos moldeando mis pies.
A veces me pregunto qué verías en mí aquella noche.



lunes, 18 de julio de 2016

Vivir con tu ausencia es más sencillo en mis historias...

Vivir con tu ausencia es más sencillo en mis historias. Embarqué en el transbordador, confiaba en que en el último minuto cambiarías de parecer y te vendrías conmigo. La travesía pecó de mareosa, yo de soñadora, como siempre.

En el hotel no habían recibido ninguna orden del exterior, ningún mensaje, el desayuno comenzaba a las 7 AM, la cena a las 7 PM. Alimenté mi desaliento con una cerveza en el bar del hall, revisé los correos, interpreté las ausencias y subí a la habitación capicúa.

Llené la bañera, puse algo de música y me evadí. Llamaron a la puerta, me incorporé y me cubrí con una toalla, entreabrí la puerta, un empleado portaba una nota en blanco, la miré y la dejé sobre la cama. Terminé de secarme y regresé a la habitación, “Buenas noches, querida”, dijiste con una botella de champagne en la mano.

Si hay algo que me vuelve loca de ti es esa increíble capacidad que tienes para sorprenderme, para modelar las estructuras hipotéticas, para hacer que tire la toalla sin tocarme.


martes, 12 de julio de 2016

Esto es lo que se denomina un recuerdo a bocajarro...

Esto es lo que se denomina un recuerdo a bocajarro, sin más medicina que lo que llega de golpe. Hace años, una película que ardía por las aristas de la habitación, tú y el sonido de la ducha en la baño mientras te esperaba en la terraza, dos copas de vino blanco sobre una mesa baja y de fondo, una madrugada infinita.
Había tanto que comunicar tanto que sentir ya sin más partituras que la piel. Permanecimos mirándonos cerca de media hora, observando cada minúsculo detalle que mostraba nuestra desnudez. Confieso que me ruboricé en una ocasión, rocé tus manos al inclinarme hacia mi copa, me volví hacia tus labios y te besé.
Hubo miles de instantes así esa noche mientras pensaba en cómo se materializan las memorias, cerré los ojos y calculé el tiempo de impacto, como si de una tormenta de verano se tratara.
La locura lleva un sello implícito que marca la diferencia con la cordura, se la imagina cabal pero es nictálope y apasionada. A la demencia hay que respetarla porque solo los grandes amores aman con locura.




jueves, 7 de julio de 2016

Adoro las tormentas de verano...

Adoro las tormentas de verano, y las de otoño, las que se derriten al contacto. Llegué pasadas las nueve. Aún no había comenzado a llover, tú ya estabas ensaladera en mano preparando algo para picar. Me ofreciste una cerveza pero preferí un beso.

Cuando salí de la ducha tenías el ventanal abierto de par en par, habías encendido una velas en el salón para crear ambiente, fuera el olor a tierra mojada me invadió, me abrazaste por la espalda y sentí tu cálido aliento en mi nuca, dejé de respirar. Nunca una apnea comentó tanto de una perturbación atmosférica.