viernes, 18 de septiembre de 2015

El presente dura lo que tú quieres que dure...


(CAPITULO 1)
Todo comenzó aquella tarde que me acerqué a la playa. No era mi intención, incluso al despertar esa mañana había decidido acercarme al supermercado pero al pasar por allí me quedé. En la orilla intentaban aprender a surfear unos chiquillos. Me encantó la secuencia. Iba a hacerles una foto cuando me di cuenta de que me había olvidado el móvil. Me sentí algo inquieta como si me faltara algo, en esto apareciste, desde la arena, caminabas con esa seguridad que siempre me ha atraído en los hombres. Vestías bañador largo, tipo surfer, no llevabas una tabla pero te pude imaginar en ella. Te lanzaste a nadar y vi como te perdías entre las olas.
Al cabo de un rato regresaste. Saliste del agua sonriendo. Recordé aquello de “se necesita solo un minuto para fijarse en alguien”, comencé a contar (1,2,3,4,5,…) aquel tipo se dirigía hacia una toalla de color rojo (23,24,25,…) ni se había percatado de que yo estaba allí (35,36,37,…), me levanté con la intención de irme (48,49,50,…), en diez segundos la magia de ese momento se escaparía sobre las crestas de las olas, me giré para mirarle de nuevo por última vez, y conté “58,59..”, levantó la mirada y está vez sí me vio y me miró, con profundidad de campo. Yo hice lo mismo y me volví.
Mañana volveré aquí, ya te has fijado, ahora solo necesito una hora para que te enamores de mí.

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