jueves, 24 de septiembre de 2015

viernes, 18 de septiembre de 2015

El presente dura lo que tú quieres que dure...


(CAPITULO 1)
Todo comenzó aquella tarde que me acerqué a la playa. No era mi intención, incluso al despertar esa mañana había decidido acercarme al supermercado pero al pasar por allí me quedé. En la orilla intentaban aprender a surfear unos chiquillos. Me encantó la secuencia. Iba a hacerles una foto cuando me di cuenta de que me había olvidado el móvil. Me sentí algo inquieta como si me faltara algo, en esto apareciste, desde la arena, caminabas con esa seguridad que siempre me ha atraído en los hombres. Vestías bañador largo, tipo surfer, no llevabas una tabla pero te pude imaginar en ella. Te lanzaste a nadar y vi como te perdías entre las olas.
Al cabo de un rato regresaste. Saliste del agua sonriendo. Recordé aquello de “se necesita solo un minuto para fijarse en alguien”, comencé a contar (1,2,3,4,5,…) aquel tipo se dirigía hacia una toalla de color rojo (23,24,25,…) ni se había percatado de que yo estaba allí (35,36,37,…), me levanté con la intención de irme (48,49,50,…), en diez segundos la magia de ese momento se escaparía sobre las crestas de las olas, me giré para mirarle de nuevo por última vez, y conté “58,59..”, levantó la mirada y está vez sí me vio y me miró, con profundidad de campo. Yo hice lo mismo y me volví.
Mañana volveré aquí, ya te has fijado, ahora solo necesito una hora para que te enamores de mí.

martes, 15 de septiembre de 2015

Hoy te amo antes de que se haga tarde...



Las relaciones se mantienen a base de sorpresas, se huye de la monotonía, se aúlla a la luna cuando es de día y se sonríe al caer la noche.

El día que en tu vida entra la rutina, las alacenas se llenan de copas sin usar, de platos adormecidos, en la cocina no hay música, en el pasillo no revolotean los pies descalzos bailando entre tus brazos. 

Escapo silenciosa de esa jaula indigente de minutos en busca de algo nuevo que traer a mis labios, una pócima que me renueve el alma. Me siento en el mirador, la atardecida me limpia las lagrimas, el sol calido me adormece, mira por donde, hoy te amo antes de que se haga tarde.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Me encantas...



Acabo de darme cuenta de que no te he comentado que me encantas, perdona, tengo la cabeza loca de inventarios, ya me conoces. Sin embargo no quiero que se me pase hoy, será que septiembre se estrena extrovertido, y yo no aspiro a menos. Me enloqueces, de esa forma que solo los que sienten por debajo de la piel conocen, con la mirada velada y los silencios en morse. Te lo comento para que mañana cuando despiertes comprendas por qué sigo durmiendo a tu lado, no es solo por la calidez de tus manos, ni la volcánica amanecida nocturna con la que navegamos cada noche, si estoy es porque me encantas, sin más. Respetas mis ausencias, mis espacios intermitentes, conoces de esa manía de estornudar a medianoche, de descalzarme al llegar a casa, de desconectar durante el atardecer para escribir de nosotros. Entiendes que si estoy es porque no deseo otra cosa que hallarme donde estoy. Y a mí eso me llena. 

Estoy pensando que tal vez sería conveniente que tú terminaras esto: “Y todo puede devenir”, comentan los eruditos de Eolo.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Hola princesa...



 “Hola princesa”, eso me soltaste al llegar a casa, me recordó entonces la película italiana aquella que vimos hace años en ese cine al aire libre. Cohabitábamos en casas distintas, desayunábamos en alcobas diferentes y no, no nos conocíamos.
Te miré al tiempo que sacaba una botella de vino blanco del frigorífico, tú me acercaste dos copas y vertí líquido en ellas. Comentaste que habías tenido mucho lio en el trabajo y que tenías una idea para el fin de semana. Sonreí. Me senté en el sofá y estiré las piernas hasta alcanzar tus ingles. Pusiste algo de música y seguiste hablando.
Adoro la estrategia que usas cada noche para llevarme a la cama, me invitas a escucharte, elaboras un mapa de recónditos lugares por mis piernas hasta alcanzar la punta de los dedos, yo interpreto volcanes con mis plantas, y para rematarlo preparas la cena.



sábado, 5 de septiembre de 2015

Anoche mientras releía...

Anoche mientras releía una vieja novela de Agatha Christie me interrumpiste con una de esas gracias tuyas tan increíblemente lucidas que yo, por mi calmosa capacidad de interpretarlas la pillé a destiempo, hecho que te resultó gracioso, como otras veces. Retomé la lectura al tiempo que tú te desvestías, levanté la mirada para perderme en tu espalda y alcancé al resto de tu cuerpo mientras salías del dormitorio.
Cuando volviste yo ya deliraba investigando un asesinato cometido en un hotel en el sur de Inglaterra. Te acercaste a mí, comentaste que tenías enfundada la pistola por si necesitaba ayuda en la pesquisa, sonreí, cerré el libro y me asestaste un impacto en toda la boca, me abrazaste y disparaste.