domingo, 8 de junio de 2014

Queridos Carlos y Ricardo:



Fue un buen momento el día que os cruzasteis en mi vida, y miro atrás y no puedo evitar sonreír. Recuerdo una noche, iba por la Nacional 120,  “vuelve”, me dijo el último tipo que durmió en mi cama cuando le abandoné, cogí el bolso, la botella de güisqui y el paquete de tabaco. Buscaba algo más fuerte, algo que me dejara sin palabras. Aceleré mientras iba tarareando una de vuestras canciones, “Llamando a tierra”. Recordé un concierto al que había asistido, en un muelle, creo que no se puede pedir más, oír música en directo junto al mar, oliendo a sal, sintiéndote parte de ese instante, saboreándolo, junto a un amor de usar y tirar. Tras el concierto le invité, “quédate a dormir”.
39 grados se fundieron en aquella habitación, nunca imaginé que llegaría a enamorarme,  pero así fue, un amor nocturno y con caducidad que acabó donde acaban las grandes interpretaciones, en el escenario. “Maggie despierta”, me susurró al despertar, “tengo algo que decir, llegó septiembre y creo que me tengo que ir”. Y así fue como desapareció de mi vida, sin equipaje.
Y me quedé sola, confusa, mientras me preguntaba “¿dónde fue a parar el tren que nunca cogimos?”, sé que estoy llena de defectos personales, pero llevo más de mil cigarrillos pensando en dejarlo, “ojalá te vayan bien las cosas, ojala a mí no me vaya mal, para olvidarte”. Mas vuestras canciones me animaron a seguir, a viajar, dando vueltas y vueltas, a imaginar que hay piratas, a tener una filosofía barata de la vida que me encanta, no hay más futuro que este instante, este en el que la niebla me escupe su canción.
Y aunque me sentía rota por dentro, angustiada al no haber hallado el amor entre tantos espantapájaros, aquellas palabras que me dijiste golpeaban las paredes del dormitorio, nada es universal ni el amor.
Porque, aunque hayan pasado años siempre os llevo en mi diario de emociones, y doy gracias por los días que vendrán, y a aquel que me gritó: “no quiero volver a verte nunca más”, solo puedo contestarle, “se hizo de noche cuando te conocí”.
Y llegados a este punto, quizá podríamos haber quedado en Vigo para concretar la entrevista, para vernos y compartir unas cervezas, pero estamos aquí, yo a este lado del papel y vosotros al otro, pero os siento cerca, me voy a dejar llevar, voy a imaginar que estáis aquí, cantando quizá alguna de las últimas melodías, esas que están aún creciendo en la mente de los amantes de vuestra música. Llega el momento de escuchar tu voz y de decir adiós.


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